Redes sociales, salud mental y educación sexual en la infancia y la adolescencia: educar también es acompañar en el mundo digital
- annaflotatspozo
- 8 jun
- 3 min de lectura
El pasado 4 de junio de 2026 tuve la oportunidad de asistir al Thematic Dialogue on Social Media and Children’s Mental Health, un espacio de diálogo europeo celebrado en el marco del Consejo de Europa.
Agradezco mucho la invitación a este encuentro, que abordó una preocupación cada vez más presente en las familias, en las aulas y entre quienes trabajamos con infancia y adolescencia: el impacto de las redes sociales en la salud mental y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Y, como se puso de manifiesto durante el diálogo, no es un tema sencillo. Cuando hablamos de infancia, redes sociales y salud mental, las respuestas rara vez son blancas o negras. No se trata únicamente de prohibir o permitir, de controlar o dejar hacer. El verdadero reto está en encontrar un equilibrio entre proteger, acompañar, escuchar la voz de niños, niñas y adolescentes y garantizar también sus derechos en el entorno digital.
Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de muchos niños, niñas y adolescentes. Influyen en cómo se comunican, cómo se comparan, cómo se muestran, cómo se relacionan y también en cómo construyen su autoestima, su identidad y sus vínculos.
Por eso hay una idea que considero fundamental:
La educación digital ya no puede entenderse como algo secundario. Ni como algo a largo plazo. Es una realidad que urge afrontar. Forma parte de la educación emocional, afectiva, relacional y también de la educación sexual.

(Fuente de la imagen: The Council of Europe, coe.int)
Hoy no podemos educar en sexualidad desvinculándola del entorno digital. Las redes sociales, la exposición del cuerpo, la necesidad de aprobación, los filtros, la presión estética, el consentimiento, la pornografía, los vínculos online y la construcción del deseo forman parte de la realidad cotidiana de la infancia y la adolescencia.
A veces hablamos de “pantallas” como si solo se tratara de tiempo de uso. Pero la pregunta no es únicamente cuántas horas pasan delante de una pantalla, sino también qué ocurre dentro de ese tiempo:
¿Qué ven?
¿Qué sienten?
¿Qué buscan?
¿Qué normalizan?
¿Con quién se relacionan?
¿Qué imagen están construyendo de sí mismos?
¿Qué idea del cuerpo, del deseo, del amor o del consentimiento están aprendiendo?
Las plataformas digitales pueden ofrecer oportunidades para expresarse, aprender, participar y relacionarse. Pero también plantean riesgos reales para el bienestar y la salud mental, especialmente cuando la infancia y la adolescencia se enfrentan a contenidos perturbadores, presión social, comparación constante o mecanismos diseñados para captar su atención, mantenerlos conectados durante más tiempo y favorecer un uso compulsivo.
Quienes trabajamos con menores sabemos que esta realidad forma parte, desde hace tiempo, de las conversaciones del aula, de las preocupaciones de las familias y de la manera en que niños, niñas y adolescentes entienden las relaciones.
Precisamente desde esta preocupación nace Golosinas Virtuales, una guía que he escrito para acompañar a familias y docentes en la comprensión del mundo digital: sus atractivos, sus riesgos, sus mecanismos de enganche y, sobre todo, la necesidad de educar con presencia, criterio y límites.
Porque proteger no significa aislar.
Porque educar no significa asustar ni delegarlo todo a los controles parentales.
Y porque acompañar no significa mirar hacia otro lado, esperando que instituciones y gobiernos hagan algo.
Necesitamos estar presentes. Preguntar. Escuchar. Poner límites. Explicar. Abrir conversaciones incómodas antes de que internet las abra por nosotros.
Hablar de salud mental infantil hoy también implica hablar de pantallas, redes sociales, autoestima, deseo, vínculos, sexualidad y acompañamiento adulto.
Gracias al Consejo de Europa por impulsar espacios de reflexión que nos ayudan a avanzar hacia entornos digitales más seguros, conscientes y saludables para la infancia y la adolescencia. Porque educar en el siglo XXI también significa acompañar el mundo digital.




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